31 marzo 2010

DÍA 5: EL ERIZO VOLADOR

Posted in Uncategorized a 1:22 por carlosperezolivencia

Londres es una ciudad a la que Iker Jiménez podría dedicar un especial de su mítico “Cuarto Milenio”. Si en España son célebres las apariciones de Raimunda en el antiguo Palacio de Linares, en el número 30 de Oxford Street, los fenómenos paranormales comienzan a eso de las 15.30 de la tarde. Se trata de un caso único en el mundo que he tenido la inmensa suerte de conocer nada más llegar a esta ciudad. Mi interés por las apariciones acontecidas en ese edificio han provocado que finalmente me involucre en las sesiones de invocación que diariamente se realizan junto a otras quince personas -entre ellas, un experto-. Allí, en ese lugar concreto de la “Gran Vía” londisense, cada tarde podemos observar frente a nosotros la figura de un erizo volador. Aunque su aspecto es dulce y entrañable, todos tenemos miedo a entablar conversación cuando ÉL nos elige. Nuestros cuerpos se paralizan cuando nos mira y nuestras mentes se quedan en blanco. Nos miramos los unos a los otros y las respiraciones se entrecortan. Si eres el elegido, no puedes echarte atrás. Y eso me sucedió a mi por primera vez el pasado lunes. El erizo se apareció ante mi y me hizo suyo. Los ojos se me pusieron en blanco y empecé a hablar en un idioma extraño, apenas entendible. Sin embargo, cuando algo así sucede, todos estamos tranquilos porque sabemos que, en el fondo, no ocurre nada. Ya nos hemos hecho a la idea de que cuando el profesor Bobby te lanza su erizo de peluche es que es tu turno para hablar en inglés.

30 marzo 2010

DÍA 4: EL PAQUISTANÍ DE ‘MILE END’

Posted in Uncategorized a 1:26 por carlosperezolivencia

Lo confieso: soy muy vicioso. No puedo estar más de un día sin meterme. Lo necesito para vivir, como millones de personas en todo el mundo. Pensaba que alejándome de España lo superaría, pero no. Mi familia lo tiene que saber: soy adicto a Internet. En la primera noche, el mundo entero cayó sobre mi cuando me di cuenta de que no tenía acceso a la Red. Necesitaba una clave que debí haber pedido en la recepción nada más llegar. Qué iba yo a saber, pensé mientras miraba con recelo a mis dos compañeros tecleando sin parar. Tenía mucho ‘mono’ de Internet, así que no me extrañó nada que dos días después, mi ‘vecina’ y amiga Bárbara y yo compartieramos seis horas de rastreo cibernético en el saloncito común de la residencia. Se nos olvidó hasta comer. Entramos a la sala de día y salimos de noche. Eso sí, la jornada fue productiva.

Mientras yo sembraba mis semillitas de melón en “Farmville” (mi granja en Facebook), Bárbara buscaba piso para los dos. Y después de mucho empeño, encontró uno en el Este de Londres. Aparentemente bien situado y con un buen precio, decidimos interesarnos por las dos habitaciones que ofertaba esa persona. Una llamada rápida y un mensaje que finalizaba con varias caritas sonrientes fue lo que nos ofreció nuestro interlocutor y posible nuevo compañero de piso, que nos invitó a verlo esa misma tarde. Sin embargo, Bárbara fue tajante: “No! We are busy! We will see the flat tomorrow!” (¡No! Estamos ocupados. Veremos el piso mañana). Y es que en ese momento estábamos con la droga de la banda ancha en las venas.

Hasta allí marchamos la mañana del domingo. Llegamos media hora tarde a la cita y llamé a nuestro contacto en el piso para decirle que estábamos en su puerta. Tardó mucho en abrir. Más tarde nos contaría que estaba durmiendo. Mientras se quitaba las legañas vimos lo desangelado de la zona. Era un buen piso pero con dos importantes taras: el olor a comida que invadía ese hogar habitado por dos paquistaníes y la ausencia de zonas comunes en el domicilio. Eso sí, buen precio y amplias habitaciones. Aunque Bárbara y yo dijimos que tomaríamos una decisión a lo largo de ese día, la verdad es que no volvimos a hablar de ese asunto. El paquistaní de ‘Mile End’ sigue esperando nuestra llamada.

29 marzo 2010

DÍA 3: Y AL TERCER DÍA, RESUCITÓ

Posted in Uncategorized a 1:37 por carlosperezolivencia

¿Habéis dormido alguna vez con dos personas a las que no conocéis de nada? Pues no resulta excesivamente complicado. La televisión -como todo- lo exagera hasta límites insospechados. Un ejemplo: Gran Hermano. No es tan dificil aguantar ronquidos, olores, y ropa sucia encima de la cama. Básicamente porque no hay nada de eso en mi habitación. Cuando ya pensaba que me iba a encontrar con los típicos concursantes sucios de reality, se me ponen en mi camino un francés y un italiano educados, aseados y, por decirlo de alguna manera, cultos y con ganas de aprender. Vamos, las típicas personas que no interesan en un formato televisivo como el mencionado. Los bestias a la televisión y los “anormales” a mi habitación. Al francés le conocí nada más sufrir mis primeros síntomas de infarto. Aquella fatídica tarde del día 1, abrí la puerta de la habitación 403 y me encontré con una cara de susto, un rostro que miraba a un ser español, descompuesto, jadeante, sudando y con dolores en el corazón. ¡Qué estampa! Palabras cordiales: un “nice to meet you” (encantado de conocerte), “where are you from?” (¿de dónde eres?) y un “I’m going  jogging” (Voy a hace footing). Pocas pero intensas palabras antes de su marcha y del posterior crimen ocurrido en la habitación 403 de la Gloucester Road (ver “día 1”). Más tarde tuve el placer de encontrarme con el italiano. Le conocí tumbado en su cama, tapado hasta el cuello, con el ordenador encima de sus piernas y con las dos manos escondidas.

– Hi! I’m Carlos, from Spain. How are you? (¡Hola! Me llamo Carlos, soy de España. ¿Cómo estás?)

– I’m Davide (Soy Davide).

– Nice to meet you! (¡Encantado!)

– (risas)

En ese mismo momento, pensé con espanto que le había cortado un momento de placer erótico-festivo e individual. Se me vino a la cabeza si debía haber consultado si había otro tipo de normas no escritas además de las impuestas por la propia residencia. Dos frases cortantes que me hicieron pensar que mi presencia era incómoda. Sin embargo, ahora he descubierto que ésa es su ‘pose’ natural, la que mantiene durante las cuatro horas previas al sueño y las dos posteriores al mismo. Es decir, lleva una vida excesivamente tranquila. Poco roce, poca amistad podía surgir de esta relación. Sin embargo, yo quería ser amiguito de la persona que se pone unos dibujos animados tan graciosos para perfeccionar su ya avanzadísimo inglés que lleva aprendiendo años en Inglaterra. Y saltó la chispa… Una expresión mía le caló muy hondo: “QUÉ PASA” (leáse en forma de saludo). Desde entonces, cada vez que vuelve de estudiar -o trabajar-, entra en la habitación con una sonrisa y me saluda con un “QUÉ PASSSSSSA” (leáse ahora como forma de saludo con un marcado acento italiano), haciendo lo imposible por sacarme temas de conversación y echarme una mano. Tres días han tenido que pasar para coger confianza con la persona con la que me separa menos de medio metro cuando estamos en nuestras respectivas camas.

28 marzo 2010

DÍA 2: MI PRIMERA VEZ

Posted in Uncategorized a 1:58 por carlosperezolivencia

Nunca pensé que mi primera vez iba a ser con un australiano y una española a la vez. La verdad es que tampoco me lo había planteado. Son este tipo de cosas que no procesas hasta que no surge la situación. Y ésta apareció en mi segundo día en Londres. He de confesar que para nada me hice el estrecho. Fiel a mi estilo, fui lo más abierto posible… y nunca mejor dicho. Lo hicimos durante aproximádamente seis horas. Estuve a la altura. Di la talla. Y no hay nada mejor para nuestro ego que cuando la otra persona te felicita y te dice que se ha quedado satisfecha, que has hecho un buen trabajo.

Nuestro primer encuentro fue en casa de él, en el salón, sentados en un sillón. En principio iba a ser cosa de tres, pero rápidamente se unió una amiga de él. Mi amiga y yo no nos opusimos: ella me llevó a mi; él tenía derecho a poner otra invitada. Cuando acabamos, brindamos por ello. Nos fuimos a cenar, pues estábamos hambrientos. Y llegó lo inesperado. Sabía que en su casa podía surgir, pero no que se repitiera en el restaurante y, ni mucho menos, en un par de garitos. A altas horas de la madrugada, decidí abrir aún más mi mente y cambiar de pareja. Conocimos a un abogado amigo del australiano, un chico que hablaba inglés y español. Nos entendíamos a la perfección y decidí quedarme con él. Me estuvo enseñando mucho a lo largo de toda la noche. Sobre todo, el manejo de su lengua. Pero el fin de fiesta lo pusieron dos chicas brasileñas, con las que conectamos rápidamente. La noche llegó a su fin después de seis largas horas haciéndolo una y otra vez con hombres, mujeres, parejas, tríos y cuartetos. Esta noche he decidido no hacerlo ya que estoy bastante cansado. Eso sí, repetiré. Esta nueva experiencia crea adicción. Sí, quiero volver a hacerlo; quiero volver a hablar inglés con todos ellos otras seis horas más.

27 marzo 2010

Día 1: HE MATADO AL DIABLO

Posted in Uncategorized a 16:11 por carlosperezolivencia

Lo admito: yo creé ese monstruo. Lo que no me explico es cómo me dejaron sacarlo del país. La obligación de las autoridades tendría que haber sido oponerse a que subiera conmigo al avión o haber iniciado los trámites para hacerlo desaparecer. Soluciones que me hubiera retrasado el casi intento de infarto generado por tener que transportarlo en brazos a un cuarto piso sin ascensor. Por cada minuto que movía esa criatura, una gota de sudor resbalaba por mi mejilla; por cada intento de ayudarlo a subir y bajar por las NO-escaleras mecánicas de algunas estaciones del metro de Londres, dos gotas; tres aparecían cada vez que lo metía a presión en algún vagón atestado de trabajadores ansiosos de llegar a sus hogares –y yo al mío, por cierto-; y cuatro por cada intento de salida de esos condenados trenes llevándome a ancianas, infantes y bultos varios conmigo, arrastrados por un ser de 28 kilos y su padre de 70. Y es que, cuando uno lleva semejante mamotreto, los demás dejan de existir. Éramos yo y el monstruo, juntos hasta el final y hasta que mi infarto nos separara. Pero empecé a escuchar voces en mi cabeza y decidí acabar con su vida de forma lenta y dolorosa. Su cuerpo descansa ahora encerrado en un armario de un cuarto piso sin ascensor. Mientras escribo esta confesión, oigo sirenas inglesas de fondo. Vienen a por mi. No da tiempo a deshacerse de ella. Mi sudor repartido por las 117 escaleras de esas cuatro plantas es la mejor prueba con la que cuentan. Las huellas de dos pequeñas ruedas en el centenar de escalones, mi condena. En mi defensa puedo decir que conmigo viajaba el mismísimo diablo.

24 marzo 2010

ÚLTIMA HORA: El POBRECITO sucumbe y deja el país

Posted in Uncategorized a 23:07 por carlosperezolivencia

La crisis se ha llevado por delante a este humilde informador que, en las últimas semanas, ha estado decidiendo su marcha del país para progresar lo más alejado posible de Zapatero. Aunque los efectos colaterales de su política tienen asustados a toda Europa, he decidido coger mi hatillo y refugiarme a dos horas y media del Palacio de la Moncloa. Pero no le quitaré ojo, señor presidente. Tenga muy seguro que seguiré denunciando su subida de impuestos y sus medidas antiecónomicas que nos hundirán más en la miseria. 

Todos aquellos pobrecitos que se han ido uniendo a mi causa desde el mes de Noviembre, tendrán ahora un renovado espacio intelectual donde exprimiré al máximo la información inglesa para hacerosla llegar tal y como la vean estos dos humildes ojos. Sí amigos, hay vida más allá de la crisis, el Gürtel, el aborto y las descargas de Internet. Y allí voy a ir yo. Abro corresponsalía en pleno Oxford Street. El “pobrecito” -a lo ‘CQC’- pretende hacer mucho ruido y seguir los pasos de todos los que se sienten en Los Lores y Los Comunes.

No os perdáis las crónicas que os haré llegar cuando mi apretada agenda me lo permita. Os contaré lo que ocurra aquí y seguiré atento a lo que suceda allí. Veré cómo los trucos socialistas transformarán en burda propaganda la leve subida de la economía que se produzca justo antes del incremento del I.V.A. No os dejeis manipular. Os dirán que se ha acabado la recesión, que creceremos, que hemos salido del charco… Todo mentira. La caída será mayor.

Billete en mano, os despido entristecido. Pero no es un “adiós”; es un “hasta luego”. El Pobrecito -británico- tiene mucho que ofrecer. No me quitéis ojo.